El proceso SPI organizado por el equipo de la UPV persigue un objetivo excelente y oportuno: promover la expansión de la agricultura ecológica en los distritos de regadío de la Comunidad Valenciana, donde predomina la producción intensiva de frutas y hortalizas. La adopción de la agricultura ecológica se ve limitada por las prácticas colectivas de gestión del agua, ya que el agua se suministra a los agricultores individuales junto con fertilizantes convencionales (químicos) (fertirrigación centralizada), ya que esto reduce significativamente el coste de la fertilización. Sin embargo, esto impide a los agricultores cumplir con la normativa ecológica. Además de esta barrera, las características estructurales de las explotaciones agrícolas (parcelas pequeñas y dispersas) complican aún más la adopción de la producción ecológica. La superficie certificada de las parcelas se reduce cuando las explotaciones vecinas siguen utilizando insumos químicos convencionales (lo que provoca el «efecto deriva»).
Estos problemas sugieren que una adopción coordinada espacialmente de la agricultura ecológica contribuiría a aumentar notablemente la superficie y el número de productores ecológicos. Para abordar estas barreras de manera eficaz, la SPI reúne a representantes de los órganos rectores de los distritos de riego, agricultores ecológicos, técnicos y representantes de la agencia pública de certificación, personal de la administración agrícola regional (con responsabilidades en materia de incentivos a la producción ecológica e infraestructuras de riego) y organizaciones medioambientales.
Juntos, estos participantes exploran opciones para superar las limitaciones mediante la ejecución del proyecto VISIONAY. Algunas soluciones propuestas incluyen el establecimiento de conexiones y redes separadas financiadas por los usuarios; el establecimiento de diferentes turnos de riego alternando agua fertilizada y agua «limpia» (no fertilizada); o la introducción de fertilizantes orgánicos en las redes comunes en sustitución de las fórmulas no orgánicas. Sin embargo, es crucial reconocer que estas opciones pueden conducir a una distribución desigual de cargas, riesgos y beneficios entre los agricultores ecológicos y las comunidades de regantes.
Sea cual sea la solución que se adopte, será necesario un enfoque multifacético que incluya acuerdos colectivos innovadores para la gestión del agua, la reorganización espacial de las parcelas orgánicas, el estudio de modalidades para la adopción colectiva y, lo que es más importante, la aplicación de un conjunto de políticas propicias que incluyan incentivos, orientación y planificación a largo plazo. Al abordar estos retos de forma colaborativa, el proceso SPI tiene como objetivo aumentar significativamente la superficie y el número de productores ecológicos en la región.